Esta novela corta de apenas cien páginas de extensión constituye un pequeño tesoro no sólo desde el punto de vista literario sino también desde un punto de vista histórico. A través de veinte concisos e intensos capítulos, su autor, Nikolái Leskov, ofrece al lector una visión de la Rusia del siglo XIX y de sus problemas políticos, difuminada en un relato muy verosímil y que, sin embargo, tiende en algunos momentos a la fantasía, trayéndonos a la mente el famoso "traje invisible del emperador" de Andersen.
Nikolái Leskov fue muy criticado en su época y su obra poco tenida en cuenta. Pero muy probablemente esto se deba en primer lugar a su espíritu crítico hacia las corrientes políticas de su país y, en segundo, a su estilo literario, más adecuado para el lector actual que para el de su tiempo. Esta obra fue polémica desde su primera edición en 1882, ya que las corrientes europístas rusas vieron en ella una crítica voraz hacia los sistemas liberales que tanto admiraban, mientras que las eslavófilas creyeron ver reflejado en ella un duro reproche a la cerrazón rusa y a un gobierno incompetente. Y ambas llevaban razón. La única parte de la población que se salva de la sátira de Leskov es la de los artesanos rusos, gente sencilla y honesta que trabaja por su país.

Todo empieza cuando Alejandro I viaja a Inglaterra en compañía de Platov, un cosaco del Don, para conocer los avances técnicos que se llevan a cabo en ese país. Los ingleses intentan impresionar al zar con sus prodigios, aunque Platov intente evitarlo por todos los medios. Al fin lo consiguen con el regalo dado al zar: una minúscula pulga de acero, invisible para el ojo humano que, accionada mediante una llave igualmente minúscula es capaz de bailar una « danse ». El zar alaba la destreza de la técnica capaz de crear semejante milagro y vuelve a Rusia convencido de la superioridad inglesa. Cuando Nicolás I ocupa el lugar de su hermano, se encuentra con la diminuta pulga y, tras averiguar su historia, pide a Platov que encuentre en Rusia a los artesanos capaces de igualar el prodigio, pues él confía plenamente en la capacidad de sus súbditos. Platov da entonces con el « artesano zurdo de Tula » y una vez que el zar comprueba que ha sido capaz de mejorar el trabajo inglés, lo manda a Inglaterra para mostrar a los ingleses la superioridad rusa. El zurdo de Tula pasa un tiempo en Inglaterra, reconocido como un gran maestro artesano, y, aunque los ingleses que han admirado su trabajo tratan de persuadirle para que se quede en su país en mejores condiciones que en el suyo, el zurdo se niega, haciéndoles ver la superficialidad inglesa.
Además de la técnica limpia, clara y sencilla utilizada por el autor, los diálogos dinámicos y la trama rápida y ágilmente hilvanada, esta obra muestra otra característica a destacar y que no hace más que enfatizar su carácter irónico y visionario en cuanto a actual: sus neologismos, aspecto que muy bien puede recordarnos al extraño lenguaje de Kubrick en "La naranja mecánica". Por desgracia, muchos de ellos se pierden en la traducción al español, pero aún así, la traductora Sara Gutiérrez ha sabido verter a nuestra lengua algunos como el acertado « Braviterráneo », el adjetivado « pequescopio », el anglófilo « gelatuding » o el divertido « burocumento », conservando en gran medida el carácter original de la obra en la edición de la editorial Impedimenta. También sus notas a pie de página sobre los personajes reales que aparecen en la historia nos ayudan a entender la verosimilitud que tiene el relato y que erróneamente fue tomada en su época por veracidad, lo que ocasionó a Leskov tantos problemas.
Nada más queda por decir de esta entretenida obra de Leskov que recomiendo para una lectura breve pero tensa, apasionada y divertida, salvo quizás, la inutilidad en la edición antes mencionada de las ilustraciones y la escasa referencia a la obra en sí del prólogo realizado por Care Santos. Y si tenéis además especial interés en la literatura o la historia rusa, seguro que no os defraudará.
Además de la técnica limpia, clara y sencilla utilizada por el autor, los diálogos dinámicos y la trama rápida y ágilmente hilvanada, esta obra muestra otra característica a destacar y que no hace más que enfatizar su carácter irónico y visionario en cuanto a actual: sus neologismos, aspecto que muy bien puede recordarnos al extraño lenguaje de Kubrick en "La naranja mecánica". Por desgracia, muchos de ellos se pierden en la traducción al español, pero aún así, la traductora Sara Gutiérrez ha sabido verter a nuestra lengua algunos como el acertado « Braviterráneo », el adjetivado « pequescopio », el anglófilo « gelatuding » o el divertido « burocumento », conservando en gran medida el carácter original de la obra en la edición de la editorial Impedimenta. También sus notas a pie de página sobre los personajes reales que aparecen en la historia nos ayudan a entender la verosimilitud que tiene el relato y que erróneamente fue tomada en su época por veracidad, lo que ocasionó a Leskov tantos problemas.
Nada más queda por decir de esta entretenida obra de Leskov que recomiendo para una lectura breve pero tensa, apasionada y divertida, salvo quizás, la inutilidad en la edición antes mencionada de las ilustraciones y la escasa referencia a la obra en sí del prólogo realizado por Care Santos. Y si tenéis además especial interés en la literatura o la historia rusa, seguro que no os defraudará.













